Una parada en el camino

Por David Romero

Meritocracia y Educación

2020-10-02 3 min read Reflexiones educativas David Romero

Todos participamos en la misma carrera de la vida. La única diferencia es que partimos desde distintos puntos de inicio.

¿Cómo que partimos de distintos puntos de inicio? ¿Acaso no tenemos todos las mismas oportunidades? ¿Si me esfuerzo lo mismo que otra persona no debería tener las mismas facilidades? Toby Morris lo explica perfectamente en esta historia, que puedes encontrar traducida al castellano aquí.

Lo que a lo mejor no te has parado a pensar, es que Richard no está equivocado. Según su experiencia personal, su realidad, la única clave para llegar al éxito profesional es el esfuerzo. No se le puede quitar mérito, él ha aprovechado las oportunidades que tenía. Simplemente no es consciente de que, dependiendo del contexto socioeconómico en el que nazcas, tienes el camino más allanado o más abrupto. Él puede limitarse a correr a buen ritmo para cumplir su objetivo. Paula tiene que esforzarse continuamente en correr mejor y realizar una carrera más intensa.

Esta es la razón por la que vemos algunas declaraciones de personas con cierto estatus económico o de poder (suele ir correlacionado) y nos parece que viven en una realidad paralela. ¿Nos están engañando o simplemente no son capaces de ver la realidad? Paul Piff habla sobre el tema en esta charla TED, y queda muy bien ejemplificado en la experiencia con el juego Monopoly.

No vivimos en una meritocracia, aunque haya ciertos intereses en hacérnoslo creer. Puedes enfadarte, patalear y gritar que no es justo, pero eso no cambiará la realidad.

¿Y qué podemos hacer como sociedad? Invertir. Invertir y apoyar la inversión en decantar la balanza cada día un poco más hacia los que están más atrás en la carrera. Las becas de estudio son un ejemplo de ello. Una beca que no solamente cubra una matrícula, sino que asegure el bienestar de la persona con el objetivo de que pueda dedicar todo el tiempo que necesite para aprovechar al máximo esos estudios.

En nuestras manos está el modelo de sociedad que queremos. El estadounidense Tony Ruth refleja muy bien en esta ilustración qué significa conseguir una sociedad más justa.

¿Y qué puedo hacer como individuo? Aprender. Aprender a correr más rápido. Si me limito a seguir hacia delante corriendo al mismo ritmo, nunca escalaré puestos. ¿Cómo aprendo a correr más rápido? Estudiando. Estudiando y practicando. Si es algo que te gusta, mejor, más gratificante será el próximo sprint.

No te equivoques, no te has ganado el lugar que ocupas en la carrera. Por tus propios méritos habrás avanzado posiciones, no lo pongo en duda. Pero el punto de partida… Eso no es más que una cuestión de suerte.

Sigamos corriendo.

Es la hora de la transformación digital de los centros

2020-05-31 2 min read Reflexiones educativas David Romero

Hace tiempo que envidio la administración digital de Estonia. Aunque, por muchos motivos, España no pueda compararse, sí es verdad que la tecnología está ahí y está infrautilizada.

Claro que una transformación digital necesita tiempo… Hasta que llega una epidemia. De repente, muchos trámites que requerían acudir a una oficina presencial, ya pueden hacerse desde casa. Los restaurantes tienen un código QR para leer su carta. El médico puede atenderte a través de una llamada telefónica y recetarte lo que necesites. Prácticamente de un día para otro. ¿Ya no es tan complicado de llevar a cabo?

Sea como sea, antes y ahora, hay que pensar en la transformación digital de nuestros centros educativos. Pensar y actuar. Además, a todos los niveles: administrativo, pedagógico y de gestión.

No se trata, en absoluto, de hacer el servicio menos humano. Al contrario, se trata de hacerlo más. Se trata de digitalizar y automatizar todas esas tareas que restan tiempo a las labores más importantes, que son las humanas.

Se trata de que el administrativo no necesite lidiar con papeles físicos (que además es muy poco ecológico), dedique el menor tiempo posible a tareas repetitivas como gestión de admisiones y matriculaciones y tenga disponibilidad para seguir optimizando procesos y dar una atención personalizada excelente a necesidades más concretas y menos comunes.

Se trata de que el profesorado dedique el menor tiempo posible a la elaboración de documentación puramente burocrática que no tenga un impacto positivo en la educación de su alumnado y más elaborando material didáctico de calidad adaptado a su grupo, menos tiempo poniendo calificaciones y más dando una retroalimentación adecuada y menos tiempo en reuniones que son un puro trámite y más coordinándose horizontalmente para llevar a cabo nuevas propuestas educativas.

Se trata de que los equipos directivos puedan hacer una gestión efectiva de sus activos, detectar necesidades más rápidamente con datos objetivos, tener un control exhaustivo de las incidencias y, de lo más importante, desarrollar un modelo de gestión del conocimiento del centro escalable y fácilmente trasladable a futuros miembros del equipo.

El reloj juega en nuestra contra. O aprovechamos la tecnología para aprovechar nuestro tiempo, o nuestro tiempo pasará.

Comienza la cuenta atrás.

En defensa del examen en FP

2020-05-18 3 min read Reflexiones educativas David Romero

Esta es una reflexión personal a raíz de la lectura del artículo de Rafael Delgado Valdivielso: NO MÁS EXÁMENES, POR FAVOR. VIVIMOS EN EL SIGLO XXI. Merece la pena que pares de leerme aquí y lo leas a él.

Pienso que el examen es un instrumento fundamental para el aprendizaje, tal y como tenemos planteado nuestro sistema educativo, por varias razones:

  • Una buena parte del alumnado no dedicaría tiempo al repaso si no supiera que debe enfrentarse a un examen en algún momento.
  • El examen indica qué es lo que debe mejorar la persona que está aprendiendo.
  • Si se da la retroalimentación adecuada en el momento oportuno, no solo sirve para evaluar, sino también para aprender.
  • En cualquier materia, conforme se avanza, se da por sentado que se han entendido los contenidos anteriores. El examen permite detectar un concepto adquirido erróneamente, haciendo posible la comprensión de otros más complejos.

Esto no quiere decir que esté en contra de lo que se explica en el artículo, estoy muy a favor de acabar con el examen entendido de la forma en que ahí se expone, haciendo una transición hacia pruebas que se parezcan a lo que pueden encontrarse en un entorno laboral. Pero para mí, eso también es un examen, no hay que demonizar la palabra.

Se exponen dos propuestas, un nuevo sistema sin exámenes y una alternativa menos radical. Ojalá pudiésemos aplicar ese nuevo sistema, pero ahora mismo me parece utópico. Quizás cambie con el paso del tiempo. El sistema o mi opinión. Por lo que quiero centrarme en pensar de qué forma puedo aplicar yo algo a mi aula mañana.

¿Cuáles son los mayores problemas de un examen (entendido como prueba de competencias, con los recursos que se necesiten, y no como algo puramente memorístico) en mi opinión? La fecha y la corrección posterior. La fecha, por la presión que ejerce y por la costumbre del alumnado de dejarlo todo para último momento. La corrección posterior, por la carga laboral que requiere para que después el estudiante se quede con la calificación numérica, sin aprender de los errores. ¿Mi propuesta en base a lo leído? Eliminar ambas.

¿Y si…

… realizamos pruebas cualquier día sin previo aviso?

… lo hacemos de manera frecuente (semanal como mínimo)?

… decidimos en cada una los criterios que vamos a evaluar y apuntamos en ese momento de forma binaria quién lo consigue y quién no? (Sin perjuicio de poder rectificar un criterio ya valorado anteriormente a una persona que ahora demuestre saber hacer algo que antes no)

…las hacemos individuales o en equipo (dividiendo la tarea para lograr una observación precisa)?

Mi intención es lograr quitar esa presión al alumnado, de jugársela un día y a una hora, retrasando el repaso hasta las horas inmediatamente anteriores (con suerte) y haciendo de lo excepcional lo habitual.

Al final hay que poner una nota, y no es suficiente con un apto o no apto, así que habrá que pensar cómo se calcula. También habrá que pensar qué hacemos para apoyar los planes de recuperación. Y, en estos tiempos que corren, qué pasaría si lo tuviésemos que hacer a distancia.

¿Debatimos? ¿Tienes una propuesta? Escríbeme.

Vamos hablando.

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