La paradoja del desarrollador y los agentes

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“Ahora que la barrera de creación de software ha bajado tanto, todo el mundo se está creando aplicaciones personalizadas para casos de uso concretos y personales.” Probablemente habrás visto alguna publicación en esa línea (o varias) en las últimas semanas. Sin embargo, resulta que hay un grupo que dudo que esté aplicando ese principio. Me refiero, precisamente, a quienes desarrollan software.

Si es tu caso, seguramente ya tengas alguna suscripción a un agente de programación. Y teniéndola, ¿para qué crear una aplicación para una necesidad personal? La mayoría estará creando utilidades cli y skills que permitan al agente trabajar directamente con la información, y pidiéndole después lo que necesite desde diferentes interfaces. Una aplicación hay que modificarla si en algún momento quieres que haga algo de forma distinta o añadir una nueva funcionalidad. A un agente solo necesitas pedírselo. Y si lo haces con un lenguaje técnicamente concreto y acotado, hoy en día ya es difícil que se equivoque.

Así que esta es la paradoja que nos encontramos: las personas que no desarrollaban habitualmente se crean aplicaciones y se pelean con su despliegue y actualización. Las que desarrollaban solo crean aplicaciones si necesitan que otras personas las usen. Estamos cambiando, por pura comodidad, los ciclos de reloj de la CPU por la generación de tokens a demanda. Aunque paguemos ese peaje en coste y latencia, parece difícil que volvamos atrás.